Baja los humos a los coches (2º episodio)
Después de que la Comisión Europea y el Consejo Europeo han cedido a las presiones de la industria automovilística, el Parlamento Europeo, a pesar de haber votado en septiembre un texto muy ambicioso sobre la legislación europea para limitar las emisiones de CO2 de lo nuevos automóviles que se vendan en Europa, también ha aceptado la crisis como motivación suficiente para permitir al sector automovilístico seguir contaminando. Lamentablemente tan sólo se puede destacar un lado positivo en este tema: se ha establecido un objetivo de reducción de las emisiones de CO2 para los coches para 2020, cosa que no se contemplaba en la propuesta originaria de la Comisión Europea y que plantea la dirección a largo plazo a la que se tendrá que atener la industria.
En España, con la misma excusa de la crisis, el Gobierno está elaborando un plan de rescate del sector del automóvil y desde Greenpeace pedimos que esto no se transforme sólo en otra nueva forma de subvención al sector para mantener el mosmo modelo que siga contaminando.
Por esto te pedimos una vez más que te dirijas al Ministro de Industria D. Miguel Sebastián, quien ahora es encargado de consensuar el Plan Integral del Automóvil para enero 2009, pidiéndole que ponga estrictas condiciones medio ambientales a toda ayuda al sector para que el dinero de los ciudadanos no se transforme en una subvención al cambio climático sino vayan prioritariamente a acelerar la reducción de las emisiones de CO2 de los coches, de forma mucho más ambiciosa que el resto de Europa, a 120 g/km de CO2 para 2012 y a 80 g/km para 2020.
Muchas gracias por tu apoyo y tu colaboración: es imprescindible.
Sr. Ministro D. Miguel Sebastián,
Desde hace unas semanas, los ciudadanos del mundo somos testigos de los esfuerzos de todos los Gobiernos para socorrer a la industria automovilística y salvarla de una quiebra anunciada. Primero el Gobierno estadounidense, y después los europeos, han puesto sobre la mesa decenas de miles de millones de dólares y de euros de los contribuyentes para ayudar a estas compañías en profunda crisis.
Esta situación ha desviado la atención de otra crisis igualmente relevante para la estabilidad mundial y que afecta y afectará directamente a las vidas de cientos de millones de personas: las crisis climática. La premura mostrada por los países ricos para atajar el derrumbe financiero contrasta enormemente con su lentitud y sus promesas incumplidas en materia de cambio climático, prioridad central para garatizar un porvenir a las futuras generaciones y ocasión para impementar un sistema productivo mucho más eficiente y competitivo.
En cuanto al cambio climático, los compromisos comienzan a debilitarse. El liderazgo de la Unión Europea se tambalea, y los acuerdos para una reducción ambiciosa de emisiones podrían peligrar, condenando al mundo a un cambio climático irreversible y de consecuencias catastróficas que afectaría especialmente a las poblaciones más pobres y vulnerables.
España no es una excepción a esta deriva global. Mientras la crisis económica y financiera ocupa la agenda del Gobierno de manera prioritaria y casi única, se desdibujan a la misma velocidad sus compromisos en materia de medio ambiente y se anuncia un aumento del límite de emisiones de los automóviles al que se aplica el nuevo Plan VIVE a 140 g/km de CO2 y un acuerdo europeo sobre la limitación de las emisiones de los turismos que dejará que la industria siga contaminando con la excusa de la crisis.
La lucha contra el cambio climático no es un lujo propio de épocas de prosperidad. En tiempos de recesión económica, las obligaciones en materia de energía y clima ni se extinguen, ni se atenúan. El cambio climático debe ser una prioridad si se pretende que la recuperación económica sea sólida y sostenible. El Gobierno debe dar muestras de una capacidad de liderazgo sin precedentes para construir una economía que sea respetuosa con el medio ambiente y en la que la mejora de la vida de todas las personas prime sobre un sistema que beneficia sólo a unos pocos privilegiados.
En el caso del sector automovilístico, con el que Ud Sr. Ministro está consensuando un plan de rescate que se supone que presentará en enero, le pido que tenga presente en todo momento que la reducción de las emisiones de CO2, y por lo tanto del consumo de carburante, de los vehículos es una ventaja de cara al gasto público y de los consumidores además que de cara al medio ambiente.
A pesar de que a nivel europeo se ha decidido dejar otros 7 años más a la industria automovilística para que cumpla con su compromiso voluntario de reducción de las emisiones de CO2 originariamente establecido para 2008, España debería ser mucho más ambiciosa a la hora de utilizar el dinero de todos los contribuyentes para subvencionar a un sector cuyo impacto sobre el clima no cesa de crecer. Por ello le pido que tenga en cuenta la petición de Greenpeace para que el dinero público, el de los ciudadanos, que el Gobierno destine al Plan Integral del Automóvil no se transforme en una subvención al cambio climático sino vaya condicionada a medidas que aceleren la reducción de las emisiones de CO2 de los coches que se fabriquen en España, de forma mucho más ambiciosa que el resto de Europa, a 120 g/km de CO2 para 2012 y a 80 g/km de CO2 para 2020.
España es abogada a tener que lidiar con unos efectos del cambio climático mucho más devastadores que los demás países europeos, por ello debe proteger a sus ciudadanos y a todos aquellos sectores económicos que se verán afectados por el cambio climático y usar los recursos económicos de todos y todas sólo como una herramienta para redirigir las inversiones del sector automovilístico hacia una mayor sostenibilidad.
Atentamente,